Insignia de DPI
El lenguaje y su impacto sobre la identidad de las minorías.
Skip Navigation

Controles

Imprima
Preferencias
Envíe al amigo
Página Anterior

Sitios de Regionales

Africa
Asia-Pacífico
Norteamérica y el Caribe
Europa
Latinoaméricaa

Afiliados

GLADnet
IDA
MIUSA
UNESCO
World Bank

Patrocinadores

CIDA
Abilis

 

El lenguaje y su impacto sobre la identidad de las minorías.

El lenguaje y su  impacto sobre la identidad de las minorías.

Escrito por Maria Karagiozakis[1]

Palmer (2007), Tuyet y Johansson (2001) al examinar el impacto de las armas químicas  sobre las vidas de las personas, ilustraron  exitosamente las luchas llevadas a cabo por las mujeres en Vietnam en el periodo posterior  a la guerra. Sin embargo, su comprensión de la discapacidad difiere grandemente, lo cual tiene implicaciones sobre cómo se desarrolla la identidad entre las minorías, en particular, las personas con discapacidad. En este documento, dirigido a los futuros responsables de políticas en el campo de los derechos humanos, examina esta cuestión en profundidad y presenta argumentos a favor de  destacar que el lenguaje juega un importante papel en el desarrollo de las identidades.

El término “impedidos”  es utilizado por Tuyet y Johansson (2001), evidentemente sin conocer el hecho de que este término tiene su origen en la creencia de que  las personas con discapacidad solo pueden ser mendigos, con “su gorra  en la mano”, afuera en las calles y pidiendo por dinero. Esta palabra fue creada en  el año 1504 por el Rey  Enrique VII y  en la actualidad continua su uso para describir a las personas con discapacidad, más de 500 años después, lo que ilustra cuan profundamente están enraizadas la estigmatización y la discriminación de las personas con discapacidad en la sociedad. 

En esta ponencia, escrita en el año 2001, solo  hace diez años, los niños con discapacidad son descritos como una “carga” para los miembros de la familia  que  cuidan de ellos, se les considera “anormales”, “enfermizos”, “incapaces” de asistir a la escuela. Sin embargo, su “incapacidad” para asistir a la escuela es el resultado de las barreras físicas y sociales que ha construido la sociedad antes que de sus limitaciones  como niños con deficiencias. Esto es discriminación. Tuyet y Johansson, sin embargo, no están conscientes de  esto y en su lugar escriben que ellos “no hallaron indicios de discriminación en su  contra en 30 familias” (página 162).Los autores cometen un error cuando vinculan su  afirmación sobre los resultados de no discriminación contra las personas con discapacidad en la página 162 a su  afirmación anterior de que los niños “son incapaces de ir a la escuela” en la página 159, lo cual yo encuentro decepcionante. Este hecho destaca la importancia de reunirse con las organizaciones  de personas con discapacidad antes de realizar entrevistas o investigaciones de campo para asegurar que personas, como Tuyet y Johansson,  conozcan sobre los aspectos ocultos y silenciados de la discapacidad en la sociedad. 

Para vincular estos argumentos con el trabajo de Butalia (2000),podemos señalar que  la identidad está estrechamente unida al hecho de cómo se expresa el propio conocimiento de la identidad imbricado firmemente con la perspectiva que tiene la mayoría de la población de su  identidad. Es decir, cuáles componentes de la identidad son suprimidos o reconocidos dependen en gran medida del ambiente en que una  persona se encuentra. En el caso del Agente Naranja que afectó a los niños en Vietnam, ellos son vistos como anormales, enfermizos y sufridos, lo cual conduce directamente a sentimientos negativos de autovaloración y a una baja autoestima.

Desafortunadamente, los padres pueden jugar un rol en la afirmación de esta identidad negativa en sus niños. Por ejemplo “algunos esposos expresaron sentimientos de culpa.de que su desgracia era auto infligida y que ellos le habían traído la infelicidad  a sus esposas e hijos” (Tuyet y Johansson, página 161).Además “muchas mujeres dijeron que  ellas se sentían  inferiores  por no haber sido capaces de dar a luz a niños  normales. (Ibid). Estos sentimientos de culpa, infelicidad, inferioridad y anormalidad son trasladados a sus hijos.

Las niñas  con discapacidad son valoradas como inferiores en todo: por debajo de los niños y las niñas sin discapacidad y, a veces, por debajo de los niños con discapacidad. La estructura y  la jerarquía de la sociedad vietnamita (y  del sudeste de Asia) califican  a las niñas con discapacidad como los miembros menos valiosos de una  familia y de la  sociedad.  Muchas niñas con discapacidad son propuestas para adopción.

Sin embargo, las niñas no son las únicas que  enfrentan la discriminación. El término “invalido de guerra”  que se usa para describir a los hombres vietnamitas los convierte de hecho en invisibles, legal y  socialmente. En lugar de referirse a ellos como sobrevivientes de la guerra o héroes de guerra - como eran denominadas  las mujeres del sur de Asia  en la era post  colonial - estos hombres vietnamitas son descritos como  seres “inválidos”, lo cual influye negativa  sobre su  identidad.

La identidad y el lenguaje están unidos tan estrechamente que nosotros, como futuros responsables de políticas, debemos tomar en consideración  cómo nuestra percepción de los demás se traduce  a las  formas orales y escritas y como esto, a su  vez, influye sobre la percepción que  los demás tienen de sí mismos y  en el desarrollo de su  fuero interior.  Las políticas y la  discriminación en las esferas legales y sociales están  profundamente vinculadas. En la ponencia de Palmer (2007), él utiliza el término “personas con discapacidad” antes que “personas discapacitadas”. En  los  6 años transcurridos desde que Tuyet y Johansson escribieron su ponencia, la terminología se ha modificado para ilustrar  que  las deficiencias son discapacitantes solamente si el ambiente  lo propicia. Esto representa una evidencia de que la terminología y los modos de pensar están cambiando en relación  a cómo es vista la  discapacidad. No obstante, todavía se puede mejorar. De igual  forma que el Rey Enrique VII creó el término “impedido” en el año 1504, nosotros debemos pensar de forma innovadora para crear palabras que describan a las minorías y las  personas afectadas por la guerra.  Sólo entonces podemos imaginar un mundo donde todos los aspectos de la identidad de una persona sean reconocidos  y se les permita florecer, aún de aquellos que en la actualidad calificamos como “anormales”, “inferiores” y “enfermizos”.

La autora está terminando en estos momentos un Máster en  Asuntos Internacionales en la Universidad Nacional de Australia en Camberra, y tiene experiencia de trabajo en los campos de la discapacidad y  el desarrollo  en Tailandia e Indonesia. Ella se puede contactar a través del correo electrónico en la siguiente dirección: karagiozakis@yahoo.com.au


REFERENCIAS

 

Le Thi Nham Tuyet y Annika Johansson. 2001. “El Impacto de las Armas Químicas con el Agente Naranja sobre la Vida Reproductiva de las Mujeres en  Vietnam: Un estudio piloto”. Temas sobre Salud Reproductiva, 9,18: 156-164..

 

Palmer, Michael G. 2007. “El Caso del Agente Naranja”. El Sudeste de Asia contemporáneo: Un Periódico de Asuntos Internacionales y Estratégicos 29,1: 172-195

 

 

Butalia, Urvashi (2000) “Márgenes.” En “El Otro Lado del Silencio: Voces de la División de la India”.  Durham: Impressed en la Universidad de Duke. Páginas 233-272.



[1]    Los argumentos expuestos en esta ponencia han sido elaborados en gran medida a partir de la experiencia de la autora en su trabajo con la Organización Mundial de las Personas con Discapacidad Asia-Pacífico (DPI-AP) en Bangkok, Tailandia..


2010-05-28 00:00:00


Tapa

Imprima
Preferencias
Envíe al amigo
Página Anterior